miércoles, 27 de enero de 2010

Con temor a la ansiedad

A la Lola
porque se me ocurrió

Pasé más de 10 minutos buscando la cajetilla de cigarros de bolita que compramos hace no sé cuántos meses (no sé qué quiera decir eso). Cuando al fin la encontré, tomé el penúltimo (el que queda lo guardo para tí, para cuando vengas a Cuernavaca). Corrí al baño, pues odiaría que el departamento así de bonito se llene de humo y olor a cigarro. Me encerré y coloqué el cenicero en el borde de la ventanita, acto seguido, me puse a pensar en tí, en que te extraño con todo y mentolados (jaja), en cuánto bien me ha hecho tenerte cerca los últimos meses, en todas nuestras locuras y secretos compartidos, en lo tanto que nos han hecho llorar, en la Biología y en la admiración que tenemos hacia Ivan. También pensé en Mari, en lo mucho que nos emocionamos cuando creímos haberla recuperado y lo tristes/enojadas que nos pusimos al ver las lianas que le ataban sin permiso a compartir palabras y tiempo libre con nosotras.

Ahí encerrada en el baño se me ocurrieron muchas cosas que no puedo recordar, las olvidé mientras apagaba esa cosa que hace daño. Guardé la cabeza del aire que me daba por la ventana, vi las llaves de la regadera y abrí la cortina un poco mareada, activé el deodorizante, salí del baño y fui directo a tirar lo que quedó en el cenicero. Confundida, creí que te burlarías de mí por no saber si las cenizas se tiran en la basura orgánica o en la inorgánica. Corrí a la computadora antes de poder olvidar por completo lo que tenía ganas de decir, pero ya era muy tarde, tantas ocurrencias son difíciles de recordar cuando hace frío y miras por una ventanita el faro de un edificio. Quería decirte muchas cosas, sin embargo, creo que todo se resume en un:

 "Gracias amiga, gracias por tus años de amistad, por tu confianza y tolerancia. Te quiero, te quiero harto."
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